Desde que comencé a andar por el camino de la maternidad, todas las cosas que he sentido son únicas y llenas de experiencias y momentos. No todo ha sido flores y color rosa, he pasado por muchas cosas y no tengo idea de lo que me espera. Pero hoy, acostada a tu lado puedo recordar cómo fue desearte, llorarte cuando fracasaba, lo feliz que me puse cuando supe de ti, las canciones que siempre te cante cuando estabas incubando.
El día que ibas a llegar todo paso rápido y al mismo tiempo fueron días difíciles antes de salir del hospital, pero luego llegamos a casa todo empezó a correr de una manera nueva, fue como un reinicio. Lloré muchísimo, estuve sola (y aún lo estoy en muchas cosas) reí, lloré de felicidad, aprendí, crecí, cambié, me desesperé, entre miles de otros sentimientos más que nunca me dejan de invadir.
Hoy te veo y me siento súper mal de las veces que te grito, que te regaño o que te doy manotazos, pero luego entiendo que somos dos los que estamos viviendo una vida diferente, una vida que no pensábamos que nos tocaría y que sea como sea, aguantandonos y soportandonos estamos luchando y aguantando, así como lo hicimos al inicio de este camino.
Miro tu nuevo cuarto, con tu camita y tus cositas y pienso en lo rápido que pasa el tiempo y en lo mucho que desearía detenerlo para que te quedarás en mis brazos así de chiquito, toda la vida.
"Quiero ver cómo te mueves,
Quiero inventar palabras, quiero y
Quiero mas~."
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