Todas las mañana despierto, no con más mejores ganas del mundo pero despierto para sobrevivir un día más.
No recuerdo, cuando fue la última vez que NO pensé en mi mala suerte, I mean, se que todo es mental pero ciertamente creo que algún fallo en la Matrix hubo para que esos correos cadena o ese espejo roto hayan dejado toda esa mala suerte que siempre me acompaña.
Durante el año pasado, mientras estuve embarazada, Diosito hizo tregua conmigo porque, honestly, nadie quiere ver a una panzona sufriendo y deseando morirse a cada rato, right? Así que no estuvo tan mal este pedo de la mala suerte.
Sin embargo, a mí nunca me duran muchos los gustos, porque no se en qué momento toda esta mala racha o mala praxis retorno a mi vida.
Hoy desperté y aliste todo lo que debo tener listo para antes de partir de casa, desde mis cosas personales, hasta el desayuno de Alex y la pañales de Joseph; normal, sin pedos, todo bien. Cuando voy buscando mis llaves sencillamente no doy con ellas y el tormento comienza, minutos antes de tener que irme la desesperación y ansiedad empiezan a taladrarme el cuerpo entero. Maldigo, maldigo todo a mi paso y aguanto durante toda la jornada matutina las ganas horribles de llorar en posición fetal porque no puedo darme por vencida, ya que tengo niños que "educar".
Salgo en el coche, el parabrisas no hace ameno el camino porque no veo nada y manejo tentando a mi suerte y deseando no estrellarme con nada. Llegó al colegio, veo que hay homenaje, pierdo una media hora y luego pierdo otra hora por el "ensayo" del desfile.
En otra ocasión hubiera disfrutado pero hoy no, hoy mi cabeza no daba más que para pensar y sentir envidia por todas esas personas que despiertan y tienen un lugar para el éxito mientras a mi Dios me escupe en la cara haciendo sentir miserable, mínimo, una vez a la semana. Sobrevivo, de mala gana y controlando mis emociones para no desquitarme con mis alumnos, y regreso a casa, no de mejor humor que en la mañana.
Entrar fue un caos, renegando que no podía entrar lo único que hice fue dejar todo tirado y tirarme a la cama a llorar, cuál niña que se cayó y se raspo o cuál niña se siente perdida y abandonada por sus padres. Necesitaba consuelo, nunca lo hay cuando lo necesito.
Me seque las lagrimas, calenté la comida y el caldito me ayudó un poco a sentir calidez, aunque sea de manera física y en la panza. Llega Alex, revisa la mochila de Joseph y ¡Oh la vida! Ahí estaban las susodichas llaves, me quiero morir ahogada con un pedazo de tostada.
No, no es poca tolerancia.
No es impaciencia.
No es coraje.
No es la regla.
No son las hormonas.
No son esas trivialidades que la gente suele decir cuando, después de tanto albergar emociones tóxicas, salen a flote.
Son sentimientos, son emociones, son "veneno para las hadas" y si, también puedo asegurar que es o son indicios de depresión y ya no postparto.
He leído sobre la depresión y sé que no hay cura o alivio más que aceptar el problema e intentar apaciguarlo yendo a terapia pero aquí estoy, tratando de ser mi propia "coach" o terapeuta porque pienso que "despejandome" podré aguantar el resto de mi vida, sino es que antes pierdo la cabeza y la batalla contra mis impulsos.
Comentarios
Publicar un comentario
Anónimos Curiosos