"Me voy a remontar una noche antes del día en que Huevito eclosionó porque creo que fue memorable.
Era viernes, ya un día antes había abandonado el trabajo porque el lunes 12 me operarían para sacar a Huevito; como era costumbre me quedé en casa a terminar los pendientes que tenía como limpiar y acomodar la ropa que se había lavado de bebé un fin de semana antes. Hice todo lo que en esos momentos Huevito me permitía, estaba más "duro" de lo normal y me era imposible moverme ya con facilidad y agilidad. Acomodé como pude su ropa y quedé que lo demás lo arreglaría al día siguiente ya que Álex estaría conmigo. Terminé y a eso de la 1-2 me acosté a descansar, no soportaba más la espalda.
Dieron las 5, Alex llegó y comimos. Hicimos planes de salir al cine en la noche porque no sabíamos cuando volveríamos a ir juntos al cine. Quería ver "La chica en la telaraña" ya que es continuación de la saga Millenium, y que mejor manera de despedirme del cine que viendo a mi amada Sally Salander. Llegó la noche, nos bañamos, nos vestimos y nos fuimos. Compramos las entradas, caminamos muy lentamente por la plaza y a la hora compramos palomitas, baguis, refresco y nachos para ver la peli; todo estuvo bien bebé se portó muy bien y se movió lo que era normal cuando entraba al cine. Después de terminar la función, regresamos a casa y nos dispusimos a dormir porque al día siguiente, teníamos muchas cosas pendientes para hacer antes del nacimiento de bebé.
NO CONTÁBAMOS CON QUE LAS COSAS SERIAN TOTALMENTE DIFERENTES.
Eran las 6;30 de la mañana del sábado 10 de noviembre, desperté porque tenía urgencia de entrar al baño. Sentí cólicos como los de la regla y pensé que estaba inflamada por las palomitas de ayer, nada solo eran ansias por entrar al baño. Me volví a acostar pero el malestar aparecía cada 15-20 minutos; al despertar Alex le dije que me sentía mal y ambos dijimos que era por la cena de ayer. Como sea fuimos a comprar desayuno y con todo y "cólicos" andaba paseando. Volvimos, desayunamos y seguía con malestar, no pude lavar pero aproveché para hacer la maleta de bebé para el domingo; no aguantaba más los dolores y recordé que mamá me había dicho que las ganas de evacuar y de orinar son las famosas contracciones, saque una libreta y lleve la cuenta de cada cuando las sentía.
Así confirme que era contracciones, le dije a Álex que era y que quería ir al hospital a ver qué nos dirían; para eso tenía pendiente ropa y cosas para llevar así que salimos a la calle, otra vez, con todo y mis contracciones. Terminando los pendientes volvimos, me bañé y me alisté, nos fuimos al hospital y ya de ahí lo que Diosito quiera tendría que pasar.
Llegamos por urgencias, dijimos nuestra situación y a unos 10 minutos pasamos con una doctora. Me hizo varias preguntas y respondí, expliqué la situación de mi parto y embarazo y después paso a la primera parte de esta travesía, "EL TACTO"; el peor sentimiento y la más horrible sensación que he vivido en mis cortos 29 años y que bueno que NO lo volveré a sentir JAMAS (I hope so) después de hacerlo confirmó que en efecto estaba en labor de parto pero no tenia caso esperar el trabajo porque bebé no podía nacer de manera natural. Me puse la bata verde que muestra las pompis y esperamos en un pasillito que nos dijeran que seguiría después. Pasó mi ginecólogo, con quién lleve el control prenatal, y la doc le explico la situación; sin pensarlo mucho, ya que no había ginecólogos para operar ese sábado, dijo que iría a comer y regresaría a las 6:30 para iniciar la operación. Me preocupaba porque mi dr. es el rey de la impuntualidad y ya a esas alturas no soportaba del todo las contracciones.
Bueno, pues la siguiente parte fue igual de incomoda pero no traumática como el tacto. Pasé a un cuartito a esperar para entrar al quirófano, me vendaron las piernas, me rasuraron la pubis y metieron una sonda en el orificio urinario, la experiencia fue la siguiente: te meten un tubito pero antes de lavan con jabón quirúrgico que arde bastante, la verdad, de ahí le ponen una bolsita y está acumula la orina y ya no tienes porqué pararte para ir al baño. Intenté dormir aunque sea media hora pero bebé con sus contracciones y sus ganas de querer acomodarse me lo hacían muy complicado.
Llegada la hora, me comentaron a trasladar al quirófano. Firmé algunas cosas me pusieron un gorrito y entre al espacio más frío y minimalista que he visto; lo pintan tan bonito en las series de TV pero en realidad es solo un cuarto grande, muuuuy frío y con una mesa metálica en medio de la nada con esa luz grandota sobre ti. Llegó el anestesista y de último el pediatra; me senté como pude con las piernas abiertas, me coloque en posición fetal y me pusieron el bloqueo. La verdad es que no me dolió y agradecí que me la pusieran ya que al fin sentí calor en las piernas y fue lo más rico de todo el rato.
Al cabo de unos minutos llego el pediatra y comenzó todo a las 19:05 hrs. Cuando dieron las 19:27 hrs, Pepe ya estaba en este mundo, no sentí más que movimientos desesperados por sacarlo y vi a su dr correr con el porque no lloraba ni respiraba :(. Un momento después apareció el dr me lo enseñó, era el niño más bonito del mundo con todo su pelito negro y hasta con su dientito, se lo llevaron y de ahí procedí a cerrar los ojos y pensar en pizza porque tenía hambre y porque de alguna manera sentí que me removían o acomodaban todas las tripas, honestamente no sé qué haya sido pero no sentía cool. Al término de esto, mi ginecólogo me explicó que tuvo complicaciones porque mi bebé venía atravesado de una manera extraña y porque mi útero tiene una forma diferente, no tiene forma de pera sino de corazón y a esta condición se le conoce como útero bicorne. Después de esto me pasaron a un cuarto con dos enfermeros que esperaron a que sintiera las piernas para mandarme a mi cuarto; recuerdo haber pasado junto a Álex a quien ví hablando con el ginecólogo. Entre a mi cama, la número 36 si mal no recuerdo, y en seguida entro Alex a platicar conmigo. Me explicó que bebé tuvo problemas con su respiración y con líquido en los pulmones y que por eso no lo podría tener en seguida, lo metieron en una cunita que tenía un casquito y le pusieron una sondita nasogástrica que le estaba limpiando sus pulmones del líquido que tenía. No supe de el sino por fotos y estaba muy feliz de verlo pero también estaba muy asustada y triste de no poderlo tener.
Lo que siguió fue una total tortura, no había comido desde las 9 de la mañana y por lo que veía seguiría 8 horas más canalizada de la mano por lo que no comería sino hasta el domingo, los dolores al regresar de la anestesia eran fuertes pero por mi bebé aguantaría lo suficiente. La noción del tiempo la perdí creía que era más tarde y eran apena las 23:00 hrs de ese tan eterno sábado 10 de noviembre.
Quería dormir y comer, quería ver a mi bebé y quería una cama más cómoda. Nada de eso sucedió. El domingo despertamos, si es que le podemos llamar dormir a lo que hacíamos en el hospital, y esperaba la comida y el momento de levantarme o de ver a mi bebé, sin embargo Pepe aún estaba delicado por lo cual seguía sin saber de él, en su momento llegaron las enfermeras y me dijeron que debía pararme y bañarme, esta parte fue demasiado tanto para mí como a Álex. Me senté en la cama, me cargó Alex y pasó a pasito llegamos al baño, me desvestí y husbando me ayudó con lo demás. Al momento de quitarme las vendas de la operación sentí que la vida se me iba los ojos se me nublaron y dejé de oír por unos momentos, Alex dice que pensó que me desmayaría ya que quede extremadamente pálida pero cómo me abrace del tubito del baño no pasó a más, terminamos el baño y salimos. En la puerta sentí urgencia por hacer pipí y mí sorpresa fue que la sonda cayó de entre mis piernas y tuve volver a enjuagarme los loquios que habían manchado el piso y mis piernas. Ya al final pasamos al cuarto y descanse lo que pude. Cuando fue el momento salí a caminar y Alex me llevo a ver a bebé, quería llorar pero no lo hice. Ahí estaba mi bebé, mi enorme bebé con mucho pelo, en una cunita con un casquito espacial, succionando con su boquita porque tenía una sondita de su pancita hacia afuera; no les negare fue duro verlo así, no pensé que a mí me tocaría vivir una situación tan delicada con mi bebé cuando lo único que deseaba era tenerlo conmigo sano y salvó y no lleno de cositas de hospital por todos lados. Ese domingo intentamos descansar pero era inútil tanto por el mobiliario del hospital como por los constantes llantos que escuchábamos de bebé y no sabíamos el porqué.

En la madrugada me despertaron varias veces para tratar de darle pecho pero no más no se podía, y desde acá es donde todo, todo, todo se derrumbó en mí, ya les contaré cómo vivo mi lactancia y mi postparto. Entonces dejábamos las cosas así. El caso fue que el domingo como pudimos lo sobrevivimos y llegamos como pudimos al lunes, esa madrugada fue igual de fatídica porque bebé seguía sin agarrarse y empezaba a presentar hipoglucemia, baja de glucosa y si no subía su nivel podía morir, así nos lo dijo uno de sus tantos pediatras. Oír eso me aterró más, son cosas que una nunca desea oír, si ya de por sí soy alguien que se considera tener mala suerte esto era el colmo y una muestra más, de que Dios siempre me pondría las pruebas más difíciles porque al parecer no merezco tanta felicidad con facilidad.
El tiempo de esperas, del baño, de las vendas, de los analgésicos, de las comidas deliciosas, de la cama horrible y de los dolores internos de esos 10 cm más tasajeados dentro de mi útero, no hacían las cosas más fácil. El intento y el trauma psicológico por querer obtener el alimento de mi pecho no ayudaban mucho, la pesadilla parecía no acabar y fue así como llegamos a la madrugada del martes 13 de noviembre, llegaban dos embarazadas más y debíamos dejar el cuarto, empecé a llorar porque lo único que quería era irme a casa con mi nueva familia pero parecía un deseo casi imposible. Desesperados y ya sin quedar de otra se le dió de comer fórmula a mi bebé y todo fue para bien; ese día después de comer y del baño finalmente nos dieron la mejor noticia que fue la de que bebé se había estabilizado y podríamos irnos de ahí.
Sin pensarlo dos veces Alex llevo todo al coche, firmamos algunas cosas y por fin a la 1:30 estábamos en casa de mi mamá los 3. Respiré profundo y me sentí felíz, los días tormentosos se habían terminado, aparentemente, y a partir de ese momento nuestras vidas y nuestras horas de sueño jamás volverían a ser lo mismo.
No puedo contar con todo lujo de detalle lo que viví estos días, porque no acabaría nunca y porque es algo que ha dejado un trauma que me tomara mucho tiempo superar.
Mi vida, mi piel, mis emociones e incluso yo misma no es igual después de ese maratónico fin de semana, y a hoy las cosas siguen siendo aún raras y diferentes para mí.


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